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Editorial: La crisis de los medios también es crisis de los periodistas

El mundo del periodismo está en crisis, como lo ha estado siempre. No es nada nuevo. Pero esa crisis no se refiere solo a las empresas periodísticas, a su modelo de explotación y gestión, sino también al modelo profesional donde no es que hagamos autocrítica es que somos tan críticos con nuestro colectivo que muchas veces rozamosel cainismo. La crisis de las empresas periodísticas tiene un componente exógeno y otro propio, endógeno. La económica que afecta o ha afectado a casi todos los sectores y la propia porque los empresarios se metieron en la aventura audiovisual como la panacea para ganar dinero e influencia y reventaron los fondos de reservas y también porque se han topado de frente con el periodismo digital y saben que eso les cuesta dinero como el papel pero nadie se atreve a dar el primer paso para cobrar el servicio. El periodismo no es gratis y al final esta disfunción la están pagando los profesionales del periodismo. A ver si los empresarios aclaran ya de una vez por qué modelo apuestan.

En ese escenario pantanoso estamos nosotros, con nuestra endogamia, con nuestra desunión, con esa crítica sin paliativos al corporativismo, sin matices. Esta ha sido siempre en nuestro colectivo la palabra maldita: el corporativismo. Y claro los poderes políticos y económicos se frotan las manos. Los periodistas, que somos los que creamos opinión pública, que es la que gana o pierde las elecciones, estamos desunidos ¡ah¡ porque no somos corporativistas. Fantástico. Así que a la crisis de las empresas se une la propia de los periodistas, aunque esta última es de siempre. Como también es de siempre que casi nunca hemos visto una medida de presión general del mundo del periodismo contra los abusos de las empresas o de las instituciones. Ni siquiera el detalle de abandonar una rueda de prensa cuando un político no admite preguntas. Ya lo decía Unamuno, “La búsqueda del pan desune”. Un poquito de corporativismo, solo un poquito y moderadamente, sería suficiente para combatir al unísono tanta precariedad, sueldos de pena, condiciones laborales deprimentes. Y la contínua espada de la provisionalidad en el empleo. Si nosotros no nos defendemos, no vendrá nadie a hacerlo.

El panorama se complica cuando en este país salen al año miles de licenciados y graduados en periodismo; gente con una preparación universitaria y académica excelente que se topa con un mercado laboral sin capacidad para absorber tanta mano de obra. Y cuando la mano de obra sobra la primera consecuencia lógica es que se abarate. Y si a eso le unimos los becarios y los contratos de prácticas, entonces nos encontramos con redacciones fantasmas. Y las empresas siguen frotándose de nuevo las manos porque aquí, todavía, no nos hemos enterado que tenemos que caminar unidos.

Lo siento si me ha salido un artículo poco alentador, pero para solucionar nuestros problemas hay que contarlos primero. Con claridad.

Rafael Salas Gallego

Presidente de la Demarcación Territorial del CPPA en Málaga.

Editorial: La crisis del Periodismo

Después de treinta años trabajando en comunicación me reafirmo en que la esencia del periodismo no ha cambiado y somos los periodistas los que tenemos que velar por ella.

Han cambiado las formas de comunicar, internet ha revolucionado nuestro ámbito profesional, la hiper-información que nos rodea de forma gratuita ha llevado a la sociedad a no valorar nuestra labor profesional que es fundamental para el mantenimiento de la libertad y la democracia.

Todos tenemos la posibilidad de comunicar de forma inmediata y de “ejercer” de periodistas, las redes sociales proporcionan esa información al instante pero eso no significa que esa información sea de calidad y se haya elaborado con el rigor y la credibilidad necesarios.

El periodista no trabaja gratis, ni escribe gratis, ni elabora estrategias de comunicación gratis. Lo mismo que nos exigen profesionalidad y rigor nosotros tenemos que exigir una retribución digna por nuestro trabajo.

Creo que tenemos que reivindicar el prestigio profesional y denunciar la precariedad.

Creo que desde el Colegio de periodistas tenemos que trabajar en esta dirección y hacerlo entre todos. El colegio debe velar por la buena praxis profesional y defender el ejercicio de la profesión en las mejores condiciones.

Esta no es una tarea fácil dada la situación de precariedad y presiones en la que muchos profesionales tienen que desempeñar hoy su trabajo y la desunión existente entre los propios colectivos profesionales.

Nuestro gremio necesita instrumentos para denunciar los abusos que se están cometiendo contra esta profesión, una de las que en mayor medida ha sufrido los efectos de la crisis económica.
Lo ideal es remar todos en la misma dirección pero eso hoy parece una utopía, intereses de todo tipo condicionan y obstaculizan esta tarea.

Esther Barroso

Vocal Demarcación de Sevilla del CPPA

Editorial: Periodismo y Globalización

Hace 10 años mi hijo Javier tenía que afrontar uno de los retos más importantes de todo joven: en qué quería desarrollar mi vida laboral y por tanto escoger una carrera universitaria que le sirviera para sentirse útil consigo mismo y la sociedad.

Me pidió consejo y al mismo tiempo me dijo que le gustaba el Periodismo y que estaba pensando el hacer Ciencias de la Información -así se llamaba entonces- . Yo empecé en la Radio en el año 1985 echando muchas horas y ganando poco dinero, pero con mucha ilusión.

Casi toda la gente de mi generación -tengo 57 años- está asentada en medios o gabinetes de prestigio, pero desde hace aproximadamente una década con la crisis económica y el inicio de la aparición de las ediciones digitales sustituyendo al papel la carrera periodística entró en barrena.

A éso había que sumar la aparición dela Facultad de Periodismo pública en Málaga y privadas en Sevilla y otras ciudades de nuestra región.

En definitiva cada año se incorporan al mercado laboral en Andalucía cerca de 800 personas, mas otros compañeros de Madrid, Barcelona, Navarra, etc. que también le apetecen venir a laborar a Andalucía.

Ante este panorama, las grandes empresas periodísticas empiezan con su “nueva” política de contratación de los recién incorporados que hacen extensiva a los “viejos” redactores. Llega la precariedad laboral y la reducción de derechos adquiridos por la vía de los hechos: contratos de servicios -cuando los hay-, obligación de hacerse autónomo, pagos por columnas editadas -si no se editan no se cobra-, y a los fotoperiodistas se les paga los reportajes que se publican y si llegan fotos de agencias, ni los gastos de gasolina.

Recuerdo el accidente de un fotoperiodista para uno de los grandes grupos editoriales de este país que iba a cubrir un acto, que no pudo decir que estaba trabajando porque en esa época no le pagaban ni la Seguridad Social.

No quiero seguir poniendo más ejemplos que los ha habido y habrá por desgracia. El último el de los compañeros de El Correo de Andalucía, donde un empresario del sector de los Seguros se ha metido desde hace pocos años con no sabemos que intenciones pero al que le sobran 7 periodistas y sin ningún tipo de problemas los larga como si fueran ordenadores que ya no funcionan.

Espero que desde las Asociaciones de la Prensa y los Colegios de Periodistas de España y Andalucía se tome nota para que entre todos dignifiquemos esta profesión hasta que consigamos unas condiciones en la que se pueda trabajar con unas mínimas condiciones.

Y para acabar decir que mi hijo me hizo caso y no se hizo periodista, estudió Magisterio y cuando acabó -el panorama estaba aún peor- no quiso seguir los pasos de su padre.

De todas formas decir que no me he arrepentido nunca de ser periodista y animo aquí a todos los jóvenes que les guste esta profesión a que sigan para adelante, aunque el futuro cada vez esté peor. Cosas de la Globalización.

Justo E. González
Vocal de la Demarcación del Colegio de Periodistas en Sevilla