Escribir poesía es sumergirse en la infinitud de un mar blanco, en el sentimiento pleno de la libertad creadora. Sin límites que impidan la expresión sin otro canon que el de sentir, imaginar y complacer a las palabras.

No se escribe poesía con el forzamiento de la prosa o de cualquier otro estilo atenido a unas reglas, se escribe con la alegría de quien recorre los caminos, al cielo raso, en cualquier dirección.

La poesía brota de la libertad absoluta, de la capacidad del ser humano para conectar con su interior y plasmarlo en palabras. Es un canto a la vida, al amor, al dolor, a la belleza y a la complejidad de la existencia.