Editorial: la “noticia hamburguesa” y la tuna femenina

El jueves pasado tuve el honor de asistir a la inauguración oficial del curso académico 2016-2017 en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Muchos recuerdos vinieron a mi memoria, recuerdos que aún creía sentir como vivencias cercanas y, sin embargo, me vi sorprendida por el salto generacional evidente, apreciable en los estudiantes y menos en los profesores; y me percaté que había olvidado el color de la toga con la que me licencié: ese azul grisáceo que se antoja para muchos irreconocible e indefinido, en clara ironía de cómo hoy se nos percibe a quienes nos dedicamos al periodismo y la comunicación.

La nota de color la puso doblemente la protagonista indudable de la jornada: la tan querida Rosa María Calaf, que despertó interés y admiración y cómo no el deseo incontrolable de todos de hacernos una foto con ella. Debe ser curioso que alguien que lleva toda su vida haciendo a otros protagonistas, asuma con tanta naturalidad ese papel ante un público expectante y ansioso por recibir las claves de la profesión, a través de la sabiduría encarnada en mujer y esta vez en algo más de minuto y medio.

Y ciertamente no defraudó; al menos a mí. Y lo extraño es que no dijo nada fuera de lo común, de lo racional, de lo justo, de lo objetivo, de lo que todos pensamos pero que compartido en voz alta y ante un sala repleta de mentes inquietas, suena más contundente y más cargado de razón. Y es que quizás no lo decimos suficientemente alto pero la idea es básica: educar para pensar. La formación y el conocimiento junto con la experiencia que da el natural paso de los años son los únicos antídotos que tenemos para acabar con la “noticia hamburguesa”, que es como Calaf definió a la mayor parte del periodismo que se hace hoy. Un producto volátil, de fácil consumo, barato para el consumidor y que deja un poso muy pesado pero poco sustancial en la sociedad; que provoca, diría yo, unos niveles de colesterol intelectual altamente nocivos para la salud de la ciudadanía y la democracia.

Sin embargo, algo debe haber aún en esta profesión que sigue atrayendo a los más jóvenes porque, año tras año, son muchos los que continúan marcando la x en los títulos impartidos en las facultades de comunicación (este año se han emitido más de 300 títulos y hay más de tres mil alumnos matriculados entre las distintas disciplinas que se imparten, y sólo en la Facultad de Sevilla). Y lo hacen, intuyo yo, pensando que estos estudios son el paso previo a un futuro más o menos estable, como ciudadanos dispuestos a servir a la sociedad y ejercer la responsabilidad que esta atribuye a los periodistas.

El actual edificio de la Universidad de Sevilla cuenta con una instalaciones que ni de lejos imaginé en mis días: varios platós de televisión, estudios de radio con las últimas tecnologías, cabinas y aulas para edición digital, laboratorios de fotografía…y lo más actual y moderno de todo: la tuna femenina. Cosas de los nuevos tiempos: mujeres que además de ser periodistas quieren ser tunas. No sé si en sus canciones habrá alguna dedicada a Anna Politkovskaya o si entre sus musas estarán Colombine, Oriana Falacci u otras más actuales, pero confío en que al menos aquello que les empuja a colgarse capas y oropeles y tocar bandurrias, guitarras y panderetas, les anime igualmente, a ellas y a ellos, a mantener la ilusión y recuperar el porte de esta profesión.

Eva B. Navarrete. Decana del CPPA

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