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Editorial: La extinción de los dinosaurios

A principios de la década de los 80, el grupo The Buggles lanzó la exitosa canción Video kill the radio star. Fue el primer videoclip que emitió la cadena MTV. La canción muestra cómo una vieja estrella de la radio ve cómo sus días de gloria han terminado debido a la nueva irrupción de una forma de consumir música. En nuestro sector de la comunicación la canción de The Bugles tiene su homónimo actual en el mantra de que las nuevas tecnologías han acabado con el periodismo.

En realidad con los que han acabado las redes sociales es con un monopolio que beneficiaba a unos pocos, entre ellos los periodistas caducos de la vieja escuela, esos que están encantados de sentarse al lado de un gran político en los actos públicos. Hoy la comunicación es un nuevo y apasionante mundo de interacciones en los que ya no caben las mentiras mediáticas o los favores y en las que, por primera vez, los periodistas son también fiscalizados en su trabajo por nada menos que su verdaderos jefes: la ciudadanía. Aunque está en marcha y es irremediable, la extinción de los dinosaurios del periodismo aún no se ha llevado a cabo. Todavía persisten algunos, afanados en sobrevivir aferrados a lo que hasta ahora era su poder mediático que les ha repercutido beneficios o, al menos, la satisfacción de su ego. Pero es cuestión de tiempo que ese poder, ya ilusorio, se disipe.

Ahora lo que da relevancia no es ser el afortunado que escribe una página en un periódico, o participa en una de esas cansinas tertulias pensadas para satisfacer a políticos en las televisiones y en las radios. No. Ahora es la gente la que decide si se es un ‘influencer’ o si se es un cantamañanas. Y además lo dicen en canales que ya no pueden ser censurados por intereses opacos.

El fin del monopolio de la comunicación, mantenido hasta la irrupción de las redes sociales y de la nueva manera de consumir la información y de crearla, es la muerte de una forma de hacer periodismo, en la que los errores profesionales -con suerte (y casi siempre con sentencia judicial por medio)- quedaban enterrados en una rectificación mínima escondida en las páginas más aburridas de un diario. Se temía que reconocer un error en un medio dañase su prestigio. Era todo lo contrario. Ese palacio de marfil que han sido los medios tradicionales, donde el error o la mala praxis eran inadmisibles, se está derrumbando precisamente por no hacer bien las cosas. El periodismo se ha puesto por culpa de los dinosaurios mediáticos al servicio de los anunciantes y le dio la espalda a la ciudadanía y esa factura se está pagando ahora.

La crisis del periodismo que mugen los viejos dinosaurios culpando a la ciudadanía de querer ser comunicadores no es más que la democratización de la comunicación. Las redes sociales han roto ese esquema básico de emisor, mensaje y receptor. Ahora todos pueden ser emisores. No estoy hablando de periodismo ciudadano, esas dos palabras que producen en los dinosaurios del periodismo el mismo efecto que el crucifijo a un vampiro. Me refiero a que el papel del periodista ha cambiado y tiene irremediablemente (y afortunadamente) que pensar en que ya no es emisor unidireccional y que ya no hay púlpitos para lanzar información a una congregación silenciosa.

El periodista ahora está obligado a conversar con su público, a escucharlo y, si es capaz de hacerlo bien, de incorporar las aportaciones de las voces de la ciudadanía al texto periodístico. Para ello hay medios que lo tienen claro y están adaptándose a la nueva realidad, con nuevos géneros y secciones que interactúan con los usuarios de la información. Un ejemplo lo pude ver en Medellín, donde un medio local, ‘El Colombiano’ tiene como una sección estrella a una periodista que se nutre de las informaciones que le suministran los ciudadanos a través del wassapp. La gente son los ojos de la ciudad y la periodista recibe mensjaes, investiga, contrasta y pone en contexto esa información. ¿Periodismo ciudadano? Si lo quiene llamar así, bienvenido sea.

Mientras, los dinosaurios del periodismo les dirán que basta con aprender las nuevas tecnologías. Que es una cuestión de aparatos, de tecnología. Y les propondrán cursos de reciclaje para aprender a abrirse una cuenta en twitter, en instagram o a manejar facebook. Pero no es cierto. No basta con aprender mecanografía para saber escribir. Estamos en un cambio que afecta a la forma de hacer periodismo, de elaborar los mensajes y de componer un sistema de comunicación interesante para la gente (no sólo para los políticos o anunciantes, como ha hecho el periodismo tradicional de los dinosaurios).

Pero no sólo está cambiando la forma de hacer periodismo y de consumir la información. Los cambios han cercenado la propia estructura caciquil de los medios de comunicación tradicionales. Les pongo otro ejemplo: hace veinte años, cuando yo era un reportero de un medio de comunicación tradicional, al presentar un elaborado reportaje de investigación a mi director se me dijo: “Muchacho, tu reportaje no se va a publicar porque afecta a una persona muy importante para nuestro medio”. Hasta me dijeron que “debía dar gracias de que no me pusieran de patitas en la calle”. El reportaje nunca se publicó. Años después, cuando ya estaba consolidado como periodista ambiental sobre todo en las redes sociales, con varios miles de seguidores, al escribir un reportaje de investigación que “afectaba” a un anunciante del medio en el que publicaba, se me instó a modificar el reportaje, a lo cual evidentemente me negué. Entonces tal vez no lo publiquemos”, me dijeron. “Yo si lo haré, en mi blog y comentaré todo esto en las redes”, respondí. Periodismo manda. El reportaje salió publicado en el medio de comunicación. Ese día vi temblar a un dinosaurio sabedor de que el ecosistema está cambiando y que o se adapta, o se extingue.

 Ricardo Gamaza
Periodista agroambiental

Editorial: La crisis del Periodismo

Después de treinta años trabajando en comunicación me reafirmo en que la esencia del periodismo no ha cambiado y somos los periodistas los que tenemos que velar por ella.

Han cambiado las formas de comunicar, internet ha revolucionado nuestro ámbito profesional, la hiper-información que nos rodea de forma gratuita ha llevado a la sociedad a no valorar nuestra labor profesional que es fundamental para el mantenimiento de la libertad y la democracia.

Todos tenemos la posibilidad de comunicar de forma inmediata y de “ejercer” de periodistas, las redes sociales proporcionan esa información al instante pero eso no significa que esa información sea de calidad y se haya elaborado con el rigor y la credibilidad necesarios.

El periodista no trabaja gratis, ni escribe gratis, ni elabora estrategias de comunicación gratis. Lo mismo que nos exigen profesionalidad y rigor nosotros tenemos que exigir una retribución digna por nuestro trabajo.

Creo que tenemos que reivindicar el prestigio profesional y denunciar la precariedad.

Creo que desde el Colegio de periodistas tenemos que trabajar en esta dirección y hacerlo entre todos. El colegio debe velar por la buena praxis profesional y defender el ejercicio de la profesión en las mejores condiciones.

Esta no es una tarea fácil dada la situación de precariedad y presiones en la que muchos profesionales tienen que desempeñar hoy su trabajo y la desunión existente entre los propios colectivos profesionales.

Nuestro gremio necesita instrumentos para denunciar los abusos que se están cometiendo contra esta profesión, una de las que en mayor medida ha sufrido los efectos de la crisis económica.
Lo ideal es remar todos en la misma dirección pero eso hoy parece una utopía, intereses de todo tipo condicionan y obstaculizan esta tarea.

Esther Barroso

Vocal Demarcación de Sevilla del CPPA

Editorial: Periodismo y Globalización

Hace 10 años mi hijo Javier tenía que afrontar uno de los retos más importantes de todo joven: en qué quería desarrollar mi vida laboral y por tanto escoger una carrera universitaria que le sirviera para sentirse útil consigo mismo y la sociedad.

Me pidió consejo y al mismo tiempo me dijo que le gustaba el Periodismo y que estaba pensando el hacer Ciencias de la Información -así se llamaba entonces- . Yo empecé en la Radio en el año 1985 echando muchas horas y ganando poco dinero, pero con mucha ilusión.

Casi toda la gente de mi generación -tengo 57 años- está asentada en medios o gabinetes de prestigio, pero desde hace aproximadamente una década con la crisis económica y el inicio de la aparición de las ediciones digitales sustituyendo al papel la carrera periodística entró en barrena.

A éso había que sumar la aparición dela Facultad de Periodismo pública en Málaga y privadas en Sevilla y otras ciudades de nuestra región.

En definitiva cada año se incorporan al mercado laboral en Andalucía cerca de 800 personas, mas otros compañeros de Madrid, Barcelona, Navarra, etc. que también le apetecen venir a laborar a Andalucía.

Ante este panorama, las grandes empresas periodísticas empiezan con su “nueva” política de contratación de los recién incorporados que hacen extensiva a los “viejos” redactores. Llega la precariedad laboral y la reducción de derechos adquiridos por la vía de los hechos: contratos de servicios -cuando los hay-, obligación de hacerse autónomo, pagos por columnas editadas -si no se editan no se cobra-, y a los fotoperiodistas se les paga los reportajes que se publican y si llegan fotos de agencias, ni los gastos de gasolina.

Recuerdo el accidente de un fotoperiodista para uno de los grandes grupos editoriales de este país que iba a cubrir un acto, que no pudo decir que estaba trabajando porque en esa época no le pagaban ni la Seguridad Social.

No quiero seguir poniendo más ejemplos que los ha habido y habrá por desgracia. El último el de los compañeros de El Correo de Andalucía, donde un empresario del sector de los Seguros se ha metido desde hace pocos años con no sabemos que intenciones pero al que le sobran 7 periodistas y sin ningún tipo de problemas los larga como si fueran ordenadores que ya no funcionan.

Espero que desde las Asociaciones de la Prensa y los Colegios de Periodistas de España y Andalucía se tome nota para que entre todos dignifiquemos esta profesión hasta que consigamos unas condiciones en la que se pueda trabajar con unas mínimas condiciones.

Y para acabar decir que mi hijo me hizo caso y no se hizo periodista, estudió Magisterio y cuando acabó -el panorama estaba aún peor- no quiso seguir los pasos de su padre.

De todas formas decir que no me he arrepentido nunca de ser periodista y animo aquí a todos los jóvenes que les guste esta profesión a que sigan para adelante, aunque el futuro cada vez esté peor. Cosas de la Globalización.

Justo E. González
Vocal de la Demarcación del Colegio de Periodistas en Sevilla

Editorial: Periodista, navaja multiusos*

*Esta es la columna que hoy los lectores de #ElCorreodeAndalucía deberían haber recibido en las páginas del diario. Sin embargo, y como anunciamos nada más conocer la noticia de los despidos, decidimos retirar nuestra colaboración, como hicieron poco después otros colaboradores como Mercedes de Pablos, Juan José Téllez, Kechu Aramburu, Ramón Reig, Colectivo Senda, Javier Aroca, Carlos Rosado, Fernando Álvarez Ossorio y Marcos Quijada.

 

El periodismo se ha vuelto una actividad convulsa. Todo anda patas arriba en esta profesión. La crisis, que siempre nos coge de lleno, se traduce ahora en una tremenda agresión laboral para los profesionales de los medios, pero también para su credibilidad y la de las empresas en donde ejercen. Es la eterna catarsis de un colectivo en permanente lucha entre el querer y el no poder. La frustración.

La sociedad nos apremia para buscar soluciones que conjuguen la gestión deontológica de la información y la cuenta de resultados de los editores, lo cual casi siempre resulta ser la cuadratura del círculo, un imposible, por el principio de insaciabilidad que rige a las empresas.

Autor de la viñeta: Nani

Autor de la viñeta: Nani

Necesitamos un nuevo panorama informativo que resuelva los problemas, pero no termina de definirse el modelo en que se ha de concretar el desarrollo del sector. Hasta ahora la única solución ha consistido en el despido de periodistas, lo que convierte a las exiguas redacciones en navajas multiusos, habilitadas para todo tipo de aplicaciones y en creciente precariedad. Por eso, siempre volvemos la vista atrás para retornar a los tiempos en que todo fue mejor.

La cuestión es que nunca soplaron buenos vientos para el sector, por una u otra razón. Salvo en contadas ocasiones, el periodismo siempre nos lo han presentado como un ejercicio de escapismo, una profesión en permanente búsqueda, en tránsito hacia otra cosa. Cuando no fue la dictadura fueron las sucesivas reconversiones tecnológicas, cuando no la crisis del papel, la injerencia de los políticos. La amenaza siempre ha estado ahí.
Ahora, el problema es que el periodismo ha dejado de ser negocio para los empresarios. Por tanto, todos a la calle, por algún sitio hay que cortar, dicen. Nos invitan a reinventar la profesión hasta que alguien dé con la tecla de cómo hacer rentable Internet. Para el sector, el problema y la solución son cosa del periodista.

Morir y renacer, esa es la permanente dicotomía. Entre tanto, la navaja multiusos amenaza con desfigurar por completo el objeto esencial de la profesión. Y a nadie parece importarle.

José Manuel Fernández
Demarcación del Colegio de Periodistas en Jaén

El reportero de La Sexta Carlos Prado recibe el III Premio Befesa de Periodismo Medioambiental

Auer tuvo lugar en Huelva la entrega del Premio Befesa de Periodismo Medioambiental que, en su tercera edición, ha recibido el reportero Carlos Prado, por una serie de reportajes realizados sobre temas medioambientales y emitidos durante el pasado año en los informativos de La Sexta. El Premio, convocado por la compañía internacional especialista en reciclaje y servicios medioambientales para la industria, Befesa, con la colaboración de la Asociación de la Prensa de Huelva (APH) y del Colegio Profesional de Periodistas de Andalucía, tiene como objetivo reconocer la labor de concienciación social y la difusión de temas relacionados con el medioambiente, a través de los medios de comunicación y está dotado con 2.000 euros.

 De izquierda a derecha, José Luis García Palacios, presidente de la FOE, Javier Molina, presidente de Befesa; Rocío Jiménez Garrochena, Delegada territorial de Agricultura y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía en Huelva; el premiado Carlos Prado; Domingo Dominguez Bueno, Alcalde de Nerva y el presidente de la Asociación de Periodistas de Huelva, Rafael Terán.

De izquierda a derecha, José Luis García Palacios, Javier Molina, Rocío Jiménez Garrochena, Carlos Prado, Domingo Dominguez Bueno y Rafael Terán.

El jurado de esta edición ha estado compuesto por la decana del Colegio Profesional de Periodistas de Andalucía, Eva Navarrete, el Presidente de la Asociación de la Prensa de Huelva, Rafael Terán, y el asesor de comunicación de Befesa, el periodista Álvaro Arias, que han basado su fallo en “el lenguaje didáctico que emplea el periodista para trasladar con rigor y objetividad al espectador temas complejos de una forma sencilla”. Igualmente, estimaron oportuno otorgar una Mención Especial al reportaje “Minería ilegal, el cáncer de los Farallones”, de Hugo Mario Cárdenas, por “la ardua labor de investigación que ha desarrollado el periodista y la calidad de la presentación.

El acto de entrega estuvo presidido por la delegada territorial de Agricultura y Medio Ambiente en Huelva, Rocío Jiménez Garrochena, que estuvo acompañada por el presidente de Befesa, Javier Molina, en un acto al que asistieron distintas autoridades políticas, representantes del ámbito empresarial y de la prensa onubense.

Al premio se han presentado este año 35 candidaturas procedentes de nueve países. Los trabajos de carácter nacional han llegado de 10 comunidades autónomas diferentes. En las dos ediciones celebradas hasta la fecha, los ganadores han sido Alejandra Muñoz y Rafael López, de TVE-Andalucía (2014) por un reportaje sobre el proyecto de depósitos de gas en el entorno de Doñana, y el equipo del programa “75 Minutos” de Canal Sur TV (2015) por dos reportajes.