Editorial: Del crimen pasional a la creación de conciencia

Soy de la opinión de que las palabras son la herramienta de revolución más importante que existe. Las palabras tienen un poder ilimitado, y por ello considero que todos deberíamos ser conscientes de la responsabilidad que tenemos en nuestras manos al utilizarlas.

En nuestro caso, en el ámbito del periodismo, los profesionales de la comunicación tenemos la grandísima oportunidad de influir para crear una sociedad más humana, más educada, rica en valores, y en la que la justicia y los derechos humanos sean considerados en la  medida que se merecen, es decir, como las bases principales de crecimiento y desarrollo de cualquier sociedad.

Mi reflexión surge hoy de la lectura de la Guía para el Tratamiento Informativo de la Violencia de Género que ha editado el Consejo Audiovisual de Andalucía, con la participación de grandes profesionales de diferentes ámbitos de actuación, entre ellos nuestra decana, Eva Navarrete. Se trata de un documento muy claro, de rápida lectura, conciso, y esclarecedor, que nos detalla cómo podemos los periodistas trabajar por erradicar la violencia de género incidiendo en la concienciación social. IMG-20160608-WA0001

Con un tratamiento del tema adecuado, los periodistas podemos contribuir a prevenirla, ayudando a la ciudadanía a detectar la violencia machista desde todas sus formas. Podemos evitar la propagación de falsos mitos, que pretenden desvirtuar esta violencia, pero para ello necesitamos estar alerta para acudir siempre a las fuentes expertas en la materia. Y por supuesto, tenemos la oportunidad de dar voz a las víctimas que han sido capaces de salir de esa violencia de género, que han optado por recurrir a los recursos de emergencia que tenemos a nuestro alrededor.

Como profesionales de la comunicación, tenemos el reto, pero también la obligación, de evitar la insensibilización de la sociedad ante un tema tan importante, contextualizándolo, huyendo del sensacionalismo, respetando la privacidad de las víctimas y de su imagen, realizando un seguimiento judicial que deje claro la contundencia de las penas.

Seamos conscientes de que podemos aportar mucho para que la condena a la violencia de género sea absoluta, para que las víctimas, tanto las mujeres como sus hijos, se sientan dignificadas desde el respeto y el apoyo de la sociedad en general, y de los medios de comunicación en particular. Creemos una conciencia colectiva en la que cobren protagonismo los recursos públicos y servicios especializados para atender a las víctimas, que genere la confianza necesaria para denunciar y pedir ayuda, para marcar el 016 y afrontar una vida nueva.

Quizás hoy estoy abusando del tiempo de todos mis compañeros, porque mi deseo, con esta columna, es que leáis con detenimiento esta magnífica Guía para el Tratamiento Informativo de la Violencia de Género, que la hagáis vuestra, y que se convierta en nuestro manual de cabecera a la hora de tratar situaciones tan dramáticas que afectan a millones de mujeres en los cinco continentes.

Porque está en nuestra mano, porque es nuestra responsabilidad, y porque todos queremos que nuestra profesión sea una herramienta de crecimiento y de evolución social. Porque las cifras son aterradoras, porque la edad de las víctimas se está reduciendo vertiginosamente, porque las redes sociales están ofreciendo una nueva dimensión al problema, porque todos podemos contribuir para ponerle freno desde el primer insulto, desde la primera amenaza.

Porque tenemos las herramientas, y porque si buscamos la palabra justa, y citando al Poeta Halley, encontraremos la esperanza.

Sonia Herrera

Demarcación Territorial de Jerez del CPPA

Editorial: Un señor de Triana

Me gusta el barrio de Triana, en Sevilla. Buen ambiente. Buenos bares. Buenos y competitivos comercios. Atención casi familiar. Respeto a las tradiciones y presencia, al mismo tiempo, de una juventud que se abre paso, a pesar de la que está cayendo. Si, Triana es un barrio como muchos de toda Andalucía, donde la gente es normal y lucha a diario por salir adelante. Yo digo Triana, pero podría decir muchos otros barrios de ciudades y pueblos de Andalucía.

El ciudadano corriente y moliente. Las familias luchando a brazo partido por salir adelante. Y una estructura de medios de comunicación que les ofrece visiones de una realidad que, en teoría, debería ayudarles en ese afán de seguir adelante. Debería dotarles de herramientas para entender una realidad cambiante, que está dejando a muchos ciudadanos fuera de juego, sencillamente porque es muy difícil entender y asumir modelos sociales tan complejos.

Los recientes acontecimientos electorales me llevan a pensar que estamos equivocados en este camino. Que no estamos los medios dotando de esas herramientas a los ciudadanos; es más, estamos enterrando la brújula en muchas ocasiones, generando una supuesta realidad que, como ha ocurrido recientemente, estaba muy distante de corresponderse con la verdadera. Y lo que es peor, comprobada esa diferencia, el ejercicio ahora es justificar la de hoy, con otra suerte de sortilegios que siguen condenando al ciudadano a este espectáculo tan poco gratificante.

Y para colmo Italia acaba con España en la Eurocopa. ¿Cómo es posible? Si resulta que éramos la grande entre las grandes, sin competencia alguna. Legiones de periodistas convenciendonos de que de nuevo íbamos a arrollar. Y pese a que en los primeros partidos ya se veía venir la debacle, la opinión publicada insistía en que no era más que un bache, que el gran momento llegaría. Y nunca llegó. Ahora, momento para justificar y conseguir así que los patrocinadores sigan financiando este club de excluyentes en el que los ciudadanos empiezan a ser un mero accidente.

Antonio Manfredi

Exdecano CPPA

Editorial: La crisis del Periodismo

Después de treinta años trabajando en comunicación me reafirmo en que la esencia del periodismo no ha cambiado y somos los periodistas los que tenemos que velar por ella.

Han cambiado las formas de comunicar, internet ha revolucionado nuestro ámbito profesional, la hiper-información que nos rodea de forma gratuita ha llevado a la sociedad a no valorar nuestra labor profesional que es fundamental para el mantenimiento de la libertad y la democracia.

Todos tenemos la posibilidad de comunicar de forma inmediata y de “ejercer” de periodistas, las redes sociales proporcionan esa información al instante pero eso no significa que esa información sea de calidad y se haya elaborado con el rigor y la credibilidad necesarios.

El periodista no trabaja gratis, ni escribe gratis, ni elabora estrategias de comunicación gratis. Lo mismo que nos exigen profesionalidad y rigor nosotros tenemos que exigir una retribución digna por nuestro trabajo.

Creo que tenemos que reivindicar el prestigio profesional y denunciar la precariedad.

Creo que desde el Colegio de periodistas tenemos que trabajar en esta dirección y hacerlo entre todos. El colegio debe velar por la buena praxis profesional y defender el ejercicio de la profesión en las mejores condiciones.

Esta no es una tarea fácil dada la situación de precariedad y presiones en la que muchos profesionales tienen que desempeñar hoy su trabajo y la desunión existente entre los propios colectivos profesionales.

Nuestro gremio necesita instrumentos para denunciar los abusos que se están cometiendo contra esta profesión, una de las que en mayor medida ha sufrido los efectos de la crisis económica.
Lo ideal es remar todos en la misma dirección pero eso hoy parece una utopía, intereses de todo tipo condicionan y obstaculizan esta tarea.

Esther Barroso

Vocal Demarcación de Sevilla del CPPA

Editorial: Periodismo y Globalización

Hace 10 años mi hijo Javier tenía que afrontar uno de los retos más importantes de todo joven: en qué quería desarrollar mi vida laboral y por tanto escoger una carrera universitaria que le sirviera para sentirse útil consigo mismo y la sociedad.

Me pidió consejo y al mismo tiempo me dijo que le gustaba el Periodismo y que estaba pensando el hacer Ciencias de la Información -así se llamaba entonces- . Yo empecé en la Radio en el año 1985 echando muchas horas y ganando poco dinero, pero con mucha ilusión.

Casi toda la gente de mi generación -tengo 57 años- está asentada en medios o gabinetes de prestigio, pero desde hace aproximadamente una década con la crisis económica y el inicio de la aparición de las ediciones digitales sustituyendo al papel la carrera periodística entró en barrena.

A éso había que sumar la aparición dela Facultad de Periodismo pública en Málaga y privadas en Sevilla y otras ciudades de nuestra región.

En definitiva cada año se incorporan al mercado laboral en Andalucía cerca de 800 personas, mas otros compañeros de Madrid, Barcelona, Navarra, etc. que también le apetecen venir a laborar a Andalucía.

Ante este panorama, las grandes empresas periodísticas empiezan con su “nueva” política de contratación de los recién incorporados que hacen extensiva a los “viejos” redactores. Llega la precariedad laboral y la reducción de derechos adquiridos por la vía de los hechos: contratos de servicios -cuando los hay-, obligación de hacerse autónomo, pagos por columnas editadas -si no se editan no se cobra-, y a los fotoperiodistas se les paga los reportajes que se publican y si llegan fotos de agencias, ni los gastos de gasolina.

Recuerdo el accidente de un fotoperiodista para uno de los grandes grupos editoriales de este país que iba a cubrir un acto, que no pudo decir que estaba trabajando porque en esa época no le pagaban ni la Seguridad Social.

No quiero seguir poniendo más ejemplos que los ha habido y habrá por desgracia. El último el de los compañeros de El Correo de Andalucía, donde un empresario del sector de los Seguros se ha metido desde hace pocos años con no sabemos que intenciones pero al que le sobran 7 periodistas y sin ningún tipo de problemas los larga como si fueran ordenadores que ya no funcionan.

Espero que desde las Asociaciones de la Prensa y los Colegios de Periodistas de España y Andalucía se tome nota para que entre todos dignifiquemos esta profesión hasta que consigamos unas condiciones en la que se pueda trabajar con unas mínimas condiciones.

Y para acabar decir que mi hijo me hizo caso y no se hizo periodista, estudió Magisterio y cuando acabó -el panorama estaba aún peor- no quiso seguir los pasos de su padre.

De todas formas decir que no me he arrepentido nunca de ser periodista y animo aquí a todos los jóvenes que les guste esta profesión a que sigan para adelante, aunque el futuro cada vez esté peor. Cosas de la Globalización.

Justo E. González
Vocal de la Demarcación del Colegio de Periodistas en Sevilla

Editorial: Periodista, navaja multiusos*

*Esta es la columna que hoy los lectores de #ElCorreodeAndalucía deberían haber recibido en las páginas del diario. Sin embargo, y como anunciamos nada más conocer la noticia de los despidos, decidimos retirar nuestra colaboración, como hicieron poco después otros colaboradores como Mercedes de Pablos, Juan José Téllez, Kechu Aramburu, Ramón Reig, Colectivo Senda, Javier Aroca, Carlos Rosado, Fernando Álvarez Ossorio y Marcos Quijada.

 

El periodismo se ha vuelto una actividad convulsa. Todo anda patas arriba en esta profesión. La crisis, que siempre nos coge de lleno, se traduce ahora en una tremenda agresión laboral para los profesionales de los medios, pero también para su credibilidad y la de las empresas en donde ejercen. Es la eterna catarsis de un colectivo en permanente lucha entre el querer y el no poder. La frustración.

La sociedad nos apremia para buscar soluciones que conjuguen la gestión deontológica de la información y la cuenta de resultados de los editores, lo cual casi siempre resulta ser la cuadratura del círculo, un imposible, por el principio de insaciabilidad que rige a las empresas.

Autor de la viñeta: Nani

Autor de la viñeta: Nani

Necesitamos un nuevo panorama informativo que resuelva los problemas, pero no termina de definirse el modelo en que se ha de concretar el desarrollo del sector. Hasta ahora la única solución ha consistido en el despido de periodistas, lo que convierte a las exiguas redacciones en navajas multiusos, habilitadas para todo tipo de aplicaciones y en creciente precariedad. Por eso, siempre volvemos la vista atrás para retornar a los tiempos en que todo fue mejor.

La cuestión es que nunca soplaron buenos vientos para el sector, por una u otra razón. Salvo en contadas ocasiones, el periodismo siempre nos lo han presentado como un ejercicio de escapismo, una profesión en permanente búsqueda, en tránsito hacia otra cosa. Cuando no fue la dictadura fueron las sucesivas reconversiones tecnológicas, cuando no la crisis del papel, la injerencia de los políticos. La amenaza siempre ha estado ahí.
Ahora, el problema es que el periodismo ha dejado de ser negocio para los empresarios. Por tanto, todos a la calle, por algún sitio hay que cortar, dicen. Nos invitan a reinventar la profesión hasta que alguien dé con la tecla de cómo hacer rentable Internet. Para el sector, el problema y la solución son cosa del periodista.

Morir y renacer, esa es la permanente dicotomía. Entre tanto, la navaja multiusos amenaza con desfigurar por completo el objeto esencial de la profesión. Y a nadie parece importarle.

José Manuel Fernández
Demarcación del Colegio de Periodistas en Jaén