Equidistancia, ese demonio

A veces, determinados periodistas confunden la imparcialidad con la equidistancia, y nada hay más cruel para el sentido humano de las informaciones que ese frío distanciamiento respecto de la gente y sus problemas.

La objetividad sitúa al periodista en un plano diferente pero cercano a la realidad. Eso le permite la observación completa de los hechos, en todo su universo. Pero la objetividad nos exige también llamar a las cosas por su nombre: las víctimas solo pueden ser víctimas, y cualquier equidistancia que observemos respecto de los asesinos, solo puede ahondar en las heridas. La imparcialidad ha de comprometer, si no queremos incurrir en la manipulación. El acento permanente sobre la presunción de inocencia en los delitos como la violencia de género, cuando se hacen valoraciones subjetivas, se parece demasiado a la equidistancia infame que practican algunos medios.

No podemos olvidar que no todos los débiles son iguales, sino que lo son más aquellos que aceptan sin condiciones la forma de pensar de quienes tienen depositada su confianza, y lo hacen cuando creen a pies juntillas aquello que se publica como noticia. De ahí la manipulación.

No puede tener la misma interpretación un despido por causas técnicas o económicas, que otro en el que inciden causas de desigualdad por razones de sexo, como un embarazo. La denuncia no puede ser la misma.

En mi opinión, la equidistancia se ha convertido en un instrumento de cariz político y una excusa para algunos periodistas, esos que pululan en el ámbito interesado, a la sombra del poder. Como los profesionales de la política, se posicionan ajenos a muchos problemas que les incomodan, si la denuncia no conviene a sus estrategias. Existen muchos ejemplos que ilustran esas maniobras de retorcer la realidad para no conceder bazas al adversario o puedan enojar al jefe.

Acusan a los demás pero se olvidan de la raíz de los problemas, haciendo uso partidista de cada argumento. Anteponen sus intereses a cualquier otra consideración. Lejos de constituir neutralidad, esa postura no viene sino a crear confusión y agravar el drama.  La equidistancia se lleva por delante cualquier atisbo de comprensión o consuelo en aquellos que viven el problema de cerca, las víctimas.

La equidistancia tiene por eso poco de humanidad.

José Manuel Fernández Ruiz

Presidente de la Demarcación de Jaén del CPPA

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